
En un comienzo existió la carta (cuyos orígenes se remontan a la civilización Sumeria*), la cual podía tardar meses o años en llegar a su destinatario, luego se creó el telégrafo en 1884, el teléfono en 1886 y la radio en 1887, estos inventos dieron a la humanidad una “relativa” celeridad a las comunicaciones. Hoy conocemos el Internet, las líneas IP, los teléfonos celulares con cámara, wifi, GPS, twitter, facebook, hi5 y cuantas otras infinitas aplicaciones se les pueda a añadir a estas “maravillas de la tecnología”, resulta impresionante pensar, en estos tiempos, que un pequeño aparato que cabe en la palma de la mano puede unir a personas que se encuentran en los polos opuestos, permitir conocer lo maravilloso de Oriente Medio, contactar con familiares en Sudán, hacer negocios en Tokio desde tu dormitorio o simplemente informarte al instante que Larissa Riquelme se empelotó (otra vez).
En esta “Era de la comunicación”, en donde el objetivo principal es acercar a la gente que se encuentra lejos, resulta igualmente increíble pensar que existen personas y/o gobiernos que buscan alejar a quienes se encuentran cerca, levantando muros de contención en las franjas limítrofes para evitar que los “ilegales” crucen de un lado a otro, ¿quién puede decirnos quién es ilegal en una porción de tierra?, ¿acaso el planeta no pertenece a quienes habitamos en ella? Se excusan diciendo que el objetivo es “reducir el narcotráfico y la violencia”, pero, si existe quién produce es porque existe quién consume, y si existe violencia, se debe a la incomprensión, los prejuicios y una xenofobia injustificada por parte de los países anfitriones.
Al igual que este, existen otros miles de casos en el mundo, donde naciones vecinas, que fácilmente podrían idear políticas de enriquecimiento económico, cultural y social mutuos, o bien, realizar excelentes trabajos conjuntos por el mejor manejo de las “parcelas de tierra” que les encomendaron custodiar, prefieren distanciarse políticamente, alargar distancias mediante enormes muros de ideológicos, inventar mil y una razones por las cuales un pueblo debería odiar a otro, estas situaciones se presentan muy parecidas a las del régimen nazi, ¿pero no habíamos cerrado esa etapa de la humanidad? ¿Dónde quedaron los miles de tratados que se firman todos los días donde figura, casi sin excepción alguna, la palabra “igualdad”?, y, si somos todos “iguales ante Dios y la Ley”, ¿cómo es que aún existen en este siglo, los “dueños de la tierra”?
Vivimos en la época de la comunicación - incomunicada, donde la verborrea de nuestros mandatarios no lleva a nada, un tiempo en el que la tecnología dejó de acercarnos y comenzó a alejarnos, al punto en que podemos estar en una misma habitación y simplemente “mandar un mensaje” a la otra persona y donde el caudal inagotable de información nos mantiene eternamente desinformados. Coexistimos en una página de susurros y dobles-sentidos en la historia de las naciones, en la que los silencios dicen más que las palabras.
* La civilización sumeria está considerada como la primera y más antigua civilización del mundo.
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