miércoles, 11 de agosto de 2010

Cada minuto muere una persona a causa del tráfico de armas



Desde que finalizó la Segunda Guerra Mundial en 1945, unos 30 millones de personas han perecido en los diferentes conflictos armados que han sucedido en el planeta, 26 millones de ellas a consecuencia del impacto de armas ligeras. Estas armas, y no los grandes buques o los sofisticados aviones de combate, son las responsables materiales de cuatro de cada cinco víctimas, que en un 90% también han sido civiles (mujeres y niños en particular), este número aumenta cada año a razón de una persona por minuto (más de medio millón de personas por año).

Esta alarmante cantidad de muertes se debe, en su mayoría al tráfico y venta ilegal de armas, como así también a la falta de control en el monto de producción de las mismas, pero, ¿por qué las grandes organizaciones internacionales como la ONU y el G8 no elaboran un tratado internacional estricto y efectivo que regule de manera definitiva el comercio y la producción de armas?

La respuesta a esta pregunta es relativamente simple, no se necesita mucho para saber que el comercio de artefactos bélicos genera el mayor movimiento de caudales entre los países (solamente superado por la industria del maquillaje), entre los cuales, lideran la lista: Estados Unidos, con 456.000 millones USS; Reino Unido con 5.200 millones; Rusia con 3.100 millones; Francia con 2.900 millones; Alemania con 1.900 millones e Italia con 1.000 millones, coincidentemente, los primeros 4 países son también miembros del Consejo de Seguridad de la ONU y todos ellos son miembros del G8. Resultaría innegablemente un pésimo negocio para estas naciones crear un tratado que limite su mayor y mejor producción.

Los dividendos de esta industria, se encuentran obviamente en las guerras, aunque también sacan provecho de los países con crisis armadas internas, principalmente en la región del África, en estos conflictos se acumulan centenares de miles o millones de armas, la paz queda luego hipotecada por dicho arsenal, una parte del cual es a continuación, desviado y aprovechado por grupos terroristas, paramilitares, guerrillas, grupos criminales, ciudadanos privados o cuerpos privados de seguridad. Las armas se desgastan y destruyen, por lo que se necesitan comprar otras para continuar “manteniendo la paz”, formándose así un ciclo interminable.

Existen hoy en día varias organizaciones que luchan por lograr un “Tratado sobre el Comercio de Armas”, entre las que se encuentran Amnistía Internacional y Armscontrol, esta última ha logrado que la ONU acuerde un calendario para elaborar un Tratado sobre el Comercio de Armas “firme y sólido” con las “normas comunes más elevadas” para controlar las transferencias internacionales de armas convencionales, lastimosamente, no ha pasado de ser un simple intercambio de papeles entre los miembros de las diferentes organizaciones.

El momento es hoy, cada minuto que pasa una persona muere a causa de este tráfico ilegal, solamente con este tratado se podrá reducir el coste humano de la proliferación de armas convencionales. Impedirá que los proveedores de armas sin escrúpulos encuentren el punto débil de los sistemas de suministro, y garantizará que todos los exportadores e importadores de armas se atienen a estrictas normas comunes sobre el uso, la gestión y la transferencia de armas, lo que hará posible un mundo más seguro para nosotros y los que vendrán.

Fuentes:

http://www.amnesty.org/es

http://www.controlarms.org/es/

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